“Piedra Noche”: Iván Fund tras la pérdida y la fantasía.

La película ya puede verse en salas nacionales y en Cine.ar tras su presentación en los festivales de San Sebastián y Mar del Plata.

En “Piedra Noche”, de Iván Fund, hay una propuesta estética, visual y sonora que trasciende la linealidad del relato sobre un matrimonio que asumirá, como pueda, la pérdida de su único hijo. Una casa al lado del mar, la alegría de los días compartidos en la playa, junto al agua y la arena, contrastarán con la necesidad de vender la casa, vaciarla. Estarán ayudados por una amiga que pronto comprenderá que esa ausencia, palpable, vigente aún en el cuerpo de sus progenitores, es solo un paso más para visualizar la verdad sobre los hechos y el posible paso hacia otro plano de todos.

A la cuidada fotografía, un tratamiento sobre la imagen imponente e impactante, se le suma una capa fantástica que potencia una historia sobre pérdidas y en donde el amor superará cualquier obstáculo. Sublimes actuaciones de Marcelo Subiotto y Mara Bestelli, acompañados por Maricel Álvarez y Alfredo Castro. Hablamos con Fund para conocer más detalles de esta emocionante película.

¿Cómo surgió la idea Piedra Noche?

Muchísimo tiempo atrás. Leí el guion hace como diez años. Son “los tiempos del cine” (risas). Era un drama muy triste, me conmovió y atrajo particularmente que sucedía en la costa y sobre todo que tenía hacia el final un tenue elemento fantástico, casi insinuado. Pero fue para mí lo que hacía que toda la historia me resonara de otra forma.

¿Qué fue lo más difícil de adaptar del guion de Santiago Loza?

Muchos años después, a la hora de empezar a producir la película, entendí que la única forma en que hoy yo quería (podía) contar esa historia tan triste era abordarla justamente desde aquel elemento fantástico, y que recubriera el drama de esos personajes.  Lo adaptamos junto a Martín Felipe Castagnet, amigo y admirado novelista de ciencia ficción argentino, y lo que hicimos fue expandir y catalizar justamente ese elemento fantástico que tenía el guion para hacer que envolviera toda la narración. Cuando me refiero a lo fantástico no hablo solo de la criatura o lo diegéticamente presente en la historia, sino que hablo también de un tono, de un registro y de las herramientas de cierto lenguaje. La película cuenta cómo estos personajes de alguna forma caen dentro, o comienzan a habitar el imaginario de ese niño que ya no está. Y de alguna manera ese imaginario era también el de esas películas que me hicieron a mis 9 años enamorarme del cine. Coincidió también con que en ese tiempo a la vez se me fue haciendo inevitable volver a conectarme con aquel cine que me hizo querer hacer cine: el cine de aventuras y ciencia ficción. Quería que este drama más intimista y en clave baja, si se quiere, estuviera envuelto en una narración que dialogase con esas referencias, mezclar esas aguas. Pero si usábamos referencias directas a aquellas películas de los 80’s 90’s no tenía que funcionar solo como comentario geek o nostálgico, sino que tenía que ser a la vez una llave para que pueda expandir la lectura de la escena y su resonancia emocional a la vez que hacer avanzar la narración.

En tu película anterior, el duelo, presente, tenía que ver con la ausencia de adultos, ahora de un niño. ¿Qué es lo que este cambio implicó a la hora de narrar ese momento en la vida de esta pareja?

Puede pensarse como una suerte de despedida y reencuentro con la mirada del niño, con asimilar el paso del tiempo. En “Vendrán lluvias suaves” era la ausencia de adultos (o de la mirada de los adultos) y aquí como decís puede leerse el anverso, la ausencia de la mirada de ese niño hace que todos de alguna forma terminen cayendo adentro, habitando esa mirada. Y en ese sentido es una sanación y también un reencuentro. Es sobre gente que puede mirar al otro. Creo que la película finalmente propone entre otras cosas que una forma de poder metabolizar el dolor, la tristeza y salir adelante es mirando amorosamente al que tenemos al lado. Siendo testigos de ese otro y enfocando nuestra atención fuera de uno mismo. En el mundo de las selfies eso hoy es pedir un montón, pero creo fuerte que el cine es nuestro gimnasio de la empatía y la mirada que todavía se asombra con el mundo.

Y la siguiente, e inevitable pregunta tiene que ver con justamente con eso: ¿Qué te atrapa sobre el duelo para llevarlo al cine?

No diría que es puntualmente la idea del duelo lo que me atrapa. Es más un estado de cierta percepción del mundo ligada a una melancolía. Descifrar, contemplar y conmoverse con la forma misteriosa en que se configura la realidad. Mono no aware dicen los japoneses. Ese estado de empatía con lo efímero, mezcla de conmoción y melancolía ante el paso del tiempo.

Con Maricel Álvarez ya habías trabajado. ¿Cómo seleccionaste al resto de los intérpretes?

Tuve la fortuna de poder trabajar con un elenco soñado. Verdaderamente, no solo en cuanto al talento y experiencia de cada uno sino también a la dimensión humana y el nivel de compromiso y entrega que hubo con el proyecto y para conmigo. Realmente fue un regalo y terminé la película solo con ganas de seguir viéndolos actuar. ¡Y quiero ya filmar de nuevo con ellos! Maricel fue la primera en estar involucrada desde el momento cero, empujando el proyecto, y teníamos muchas ganas de volver a trabajar juntos. A Mara Bestelli la conocí filmando la película de Betania Cappato “Una escuela en Cerro Hueso” donde yo estaba como productor y fotógrafo e inmediatamente supe que quería trabajar con ella. Resultó que la pareja de Mara era otro enorme actor, el querido y admirado Marcelo Subiotto, con quien siempre había fantaseado con trabajar. Que ellos fueran pareja en la vida real y pusieran a disposición de la película su vínculo fue algo admirable y poderoso. Articularon dramáticamente esa verdad y esa emoción ayudando a que todo en la película resuene en ese registro. Alfredo Castro es otro grande que se sumó al proyecto con confianza ciega. Solo había visto mi película anterior y le había gustado y un colega le había dicho que yo “era piola”. Así que luego de unas charlas telefónicas y sin guion se embarcó en la aventura también con entrega total. Cabe aclarar que nunca recibieron un guion ( sí les compartí un breve cuento que Castagnet había armado para que podamos todos tener en mente la historia). Luego era hablar día a día y filmar.  Lo interesante es que luego de trabajar con todos ellos, en vez de desmitificarlos, ¡mi admiración creció tamaño kaiju!

La música y la fotografía son claves para llevar adelante la atmósfera de la historia. ¿Qué trabajo hiciste con ellos para lograr el espíritu que necesitaba la película?

La fotografía es de Gustavo Schiaffino y «Piedra Noche» fue nuestra tercera película juntos así que si bien siempre charlamos mucho e intentamos ir depurando búsquedas y dispositivos, ya teníamos gran parte de la dinámica de trabajo allanada. Luz natural (nada de luz artificial) y solo dos personas en el equipo de foto y cámara (él mismo y Dani Verón en foco). Gustavo tiene también una extensa y sólida carrera como DF en documentales con una fuerte impronta formal, por ese bagaje sabe articular y ser muy preciso con lo que está disponible, haciendo honor siempre a lo que vibra frente a la cámara y expandiéndolo plásticamente. Así que rodamos sin luz artificial y sin guion. Teniendo que correr bastante antes que se vaya el sol y por lo general cada toma era toma única, si había otra sería directamente otra cosa, otra versión. Respecto a la música: como era una coproducción con Chile tenía que buscar un compositor allá y luego de verme casi todo el cine chileno más contemporáneo e investigar bastante no di con nada que me pareciera en la línea de lo que quería para la película. Como en la historia el videojuego tiene una gran relevancia se me ocurrió que podía investigar por ahí. Y así es como conocí a Francisco Cerda que es compositor de música para videojuegos. Lo gracioso es que cuando lo convoco, luego de aceptar casi le da un ataque de pánico porque el viene del chiptune, y esos géneros, de hacer todo en la computadora. Claramente imaginó que mi propuesta de banda sonora iría por ahí pero lo que yo le estaba pidiendo era que hiciera algo que en principio no tenía nada que ver con lo que el hacía: una “banda sonora como la de las películas” orquestada y muy presente que funcione casi como una voz en off y que remita a ese cine de aventuras y fantástico, desde Bernard Herrmann hasta John Williams pasando por Thomas Newman y así… Pero yo sabía que Fran tenía el talento y estaba lo suficientemente loco como para hacerlo y así fue. Y el trabajo que hizo aparte de tener una impronta muy personal fue ambas cosas, faraónico y fascinante. Compuso todo el soundtrack y luego viajó para Buenos Aires donde Pablo Schiaffino hizo la orquestación y coordinó la grabación. La grabamos en dos días con músicos del colón y la verdad fue casi como otro rodaje. ¡Una aventura espectacular que espero poder repetir!

Sin revelar mucho, una escena clave, tiene a una criatura fantástica como protagonista. ¿Qué tan complicado fue llevarla a la pantalla?

Juan Novelleto es el artista 3D que diseñó la criatura e hizo la escultura 3D. Yo había visto unos concepts suyos en internet y enseguida lo contacté. El trabajaba sobre todo para videojuegos triple A de gran escala, diseñando personajes para Mortal Kombat 11 por ejemplo. Por suerte se entusiasmó enseguida y fue un verdadero privilegio poder trabajar con Juan creando nuestro kaiju del atlántico. Pablo Accame y todo el equipo de Búho Animation y Ctrl Estudio son los responsables de la animación y el conformado. Realmente hay mucho trabajo, pasión y talento puesto ahí. Uno piensa en los VFX como algo que requiere tecnología de la NASA y presupuestos millonarios, pero la realidad es que lo que requiere es gente talentosa, sentada frente a una computadora como la que hoy tenemos casi todos en nuestras casas. Es un trabajo tan humano y artesanal como lo es escribir un guion o hacer el montaje de una película. No es una inversión en tecnología extraterrestre donde apretás un botón y sale un render de Godzilla. Y si es necesario tener presupuesto es para poder pagar las horas de trabajo de los artistas; que están acá viviendo en nuestro mismo barrio.

¿Estás trabajando en algún nuevo proyecto?

Estoy trabajando en la adaptación de una novela de ciencia ficción y desarrollando otra película que espero poder filmar pronto. Piedra Noche fue una suerte de bisagra, cierra una etapa y habilita el camino para lo que sigue, así que lo que estoy desarrollando ahora va abiertamente en esa dirección. Soy fanático de las “monster movies” o “creature features” y hace muchísimo que sueño con la posibilidad de hacer una.

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