“Primero tomamos Anillaco”: Paula Martel cuenta detalles del proyecto

Con el casting ya seleccionado, la realizadora espera en breve rodar el largo sobre un grupo de jóvenes buscando vengarse de Carlos Saúl Menem en la crisis de 2001.

«Primero tomamos Anillaco» es el proyecto con el que la realizadora Paula Martel viene trabajando hace tiempo y que tiene a un grupo de jóvenes buscando vengarse de Carlos Saúl Menem en la crisis de 2001.

Inspirada en un relato inédito de Agustín Fontenla, ya tiene su cast seleccionado, que incluye a Joaquín Escotorín, Joaquín Bois Contreras, Juanjis Villagra y Ramiro Pérez Sadlovsky. Hablamos con la directora para saber más detalles de su proyecto.

Para el casting hiciste una gran convocatoria…

Sí, yo venía trabajando en solitario. Habíamos ganado una beca del Fondo Nacional de las Artes, estuve en el Sanfic, en Medellín, ganamos en Mar del Plata un premio en mercado de coproducciones entre Argentina y países árabes. Desde el primer instante el proyecto siempre recibió una mirada gentil y curiosa sobre el personaje, pero que también atrae curiosidad y morbo. Allí empecé el casting, y entre que lo hicimos nos agarró la pandemia y tuvimos que esperar y hacer un salto de fe.

¿Siempre hay que hacerlo no?

Sí, y además hay que encontrar las comunidades, crear el sentido de comunidad, y acá se dio de forma heterogénea. La película se sitúa en Diciembre de 2001. Yo en ese entonces  tenía 18 años, y estos chicos tienen esta edad, entre 16 y 24, el más pequeño 9. Son chicos de esa generación, con un no future. Siento que soy parte de esta generación de hermosos perdedores, y ellos también, y al mismo tiempo que sienten rebelarse a eso, y la energía de la pandemia, creamos esta comunidad.

¿Sentís presión ante esto?

Genera un sentido de urgencia. Tengo que contar esta película, la tengo que filmar, y no por la sensación que “los chicos me crecen”, porque hoy en día las adolescencias e infancias se extienden. Al mismo tiempo, por la pandemia y la falta de oportunidades en Catamarca, me encontré con sus historias que dialogan con el relato. Todo se fue dando, y eso generó una presión pero también un sentimiento exaltado sobre que se tiene que hacer la película. Sin eso no se puede hacer nada.

Y antes hablabas de lo comunitario, que sin eso, tampoco se puede…

Lo lindo del proyecto es que nos atraviesa desde muchos lugares, a la comunidad de Belén le generó una expectativa enorme, y esta experiencia me hizo barrer prejuicios. Hay un personaje que es influencer y tik toker, que antes era parte de la heteronorma, jugador de rugby y que salió del closet con alegría. Hicimos muchas cosas sin esperar que la industria nos tenga que legitimar. Construimos una irreverencia, alegre, creativa, descubriendo un panorama desolador sobre sus historias, pero es una boya donde agarrarnos en el medio del mar.

Disfrutar de las etapas…

Sí, lo estamos haciendo: ensayamos en verano, pensaba que me volvía cada mes a Buenos Aires, renovando el alquiler mes a mes, yendo a lo de mis primos, en hostels. Había algo que hacía que no me fuera, fortaleciendo ideas de identidad, lazos, de semejantes, que por ahí no son de tu generación o clase social, pero hay algo afectivo que hace que la historia merezca ser filmada.

 

Más artículos
«Granizo»: lanzan el trailer de la nueva comedia con Guillermo Francella