«¡Rompan Todo!»: El rock latinoamericano como nunca lo vimos.

Este documental que cubre seis décadas del rock latino en seis capítulos se estrena hoy en Netflix. Hablamos con su director, Picky Talarico

El experimentado realizador de videoclips y cine documental Picky Talarico, está detrás de Rompan Todo: La historia del rock en América Latina, documental en seis episodios de Netflix que repasa la historia de uno de los géneros más populares de la región. En diálogo con Haciendo Cine cuenta detalles del proyecto.

¿Qué sensaciones tenés de mostrar el trabajo tras tanto tiempo de trabajo?

-Con mucha excitación y alegría, fue un proceso de casi tres años con algo tan personal como el rock, yo crecí en él, haciendo videoclips, hay algo como orgullo de “familia” y uno quiere mostrar el bebé.

¿Fue difícil armar la lista de entrevistados, buscando no dejar afuera aristas de la historia?

-Desde el primer día sabíamos que era imposible cubrir todo. Queremos abarcar 60 años de historia en nueve países. Hubo muchas reuniones y trabajo previo, está Nico Entel, el padre de esto, Gustavo Santaolalla, el primero que se nos ocurrió llamar y muchos periodistas, Claudio Kleiman en Argentina, Enrique Blanc en México. Formamos writters rooms, tiramos ideas, y en el proceso me fue cambiando la cabeza porque cuando uno piensa en un documental sobre rock piensa en las bandas. Pero después me di cuenta que estábamos contando la historia del rock, no la historia de las bandas. Dónde nació, qué pasó, por qué se fue modificando. En función de eso elegís bandas claves en determinado momento por cuestiones, musicales, históricas, políticas. Tal vez haya bandas grandes que no estén, pero tiene que ver porque no influenciaron a otras bandas, o no se lo nota desde otro lado. Está unido así. Y luego hay artistas que no pudimos entrevistar por tema de agenda. Ya tener 96 artistas es un logro increíble. Tampoco se podía viajar tantas veces a los países y luego nos agarró la pandemia.

Desde la historia del rock contás la historia de la región. ¿Cómo conectaron todo?

-Eso es algo que estuvo claro desde el primer tratamiento o pitch que enviamos a Netflix. Con Nicolás pasamos muchas horas con esto, y nos dimos cuenta que en Latinoamérica, y no en otros lugares, o el rock anglo, que no crea que sea tan así, el rock está atravesado profundamente por el contexto socio político: años de censura, de prohibición, no había forma de contar una cosa sin la otra. No era un documental enciclopédico,  no nos interesaba eso. Y desde el día uno lo teníamos claro.

En la región, pero más en Argentina, el archivo es EL TEMA. ¿Se complicó acceder a imágenes?

-El tema del archivo es un problema. Primero intentás en las televisoras, luego en coleccionistas privados, hay gente que colecciona por el placer de tener esas cosas, y muchos nos dieron el material sin nada a cambio. En la región es muy complicado el material de archivo y me saco el sombrero por el equipo que, casi como detectives, consiguieron todo, como una red de espionajes. La ventaja de tener cercanía con los músicos me permitía llamarlos y decirles “no tengo el material para contar esto”, y te decían sí. Conozco a una persona que era fotógrafo y debe tenerlo, entonces era llamarlo. Te decían que no sabían en qué estado estaba el material: había que ir a buscarlo, en medio de la pandemia, con cuidados. Y esto multiplicado por mil. Había músicos con rollos sin revelados, videos guardados en cajas, cosas que nunca se vieron: joyas, materiales inéditos rescatados de maneras absurdas. Y luego que conseguías eso venía el tema de los derechos, nuevamente llamados. Es agotador y fascinante a la vez.

¿Imaginaste antes de hacer el documental que iba a suceder todo esto?

Creo que nadie lo podía imaginar. Sabíamos que era un proyecto ambicioso. Ya salir con 100 entrevistas y hacer un documental de seis horas te da una idea. Pero ni yo ni nadie del equipo había hecho algo tan extenso. Cuando hacés un documental más chico, si no tenés un archivo, conseguís otro. Pero acá si no lo tenés no hay otra opción.  Hay cosas graciosas como encontrar una dirección, mandarte y que no haya nadie. O encontrar un número de teléfono y no tenés respuesta, pero encontrar un número de fax, y mandas uno y te responden. Una locura. Encontrar la dirección de alguien que era un compositor, otro tema, gran tema. Había veces que ni las discográficas sabían quiénes eran los compositores. O que aparezcan, y que resulte que eran cuatro y falta uno. Ahí mandábamos presencialmente a un asistente para que viera qué pasaba. Y así mil cosas.

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