«The Attache»: A solas con Eli Ben David, creador y protagonista de la serie

Eli Ben David es el showrunner, director y protagonista de la serie The Attaché, que el 14 de marzo estrena en StarzPlay. Con diez episodios la serie cuenta la historia de Avshalom, un judío israelí de ascendencia marroquí y músico exitoso que se traslada a París por el nuevo trabajo de su esposa.

Haciendo Cine dialogó en exclusiva con él para Argentina para saber detalles de la propuesta.

¿Cuál fue la principal inspiración de The Attache?

No está basada en algún hecho particular, sino en mi vida, vivía en Tel Aviv y tuve que relocalizarme. Esta es simplemente una historia de amor, de un hombre que pierde a su mujer. Para complicar las cosas, está el tema de los ataques, la identidad, el lenguaje, pero el principal tema es el amor. Siempre pensé que si no salían las cosas bien se podía volver atrás, el ataque está, pero no es una serie política, no es sobre el conflicto árabe israelí, es una historia de amor en la capital del amor, París, irónicamente.

En la serie se cuenta cómo un hombre sigue a su exitosa mujer, algo no frecuente en la televisión. ¿Qué querías contar con eso?

No quiero decir que es un proyecto feminista. Al contrario, para mí es un proyecto que habla del amor, y él sigue a su mujer. En mi casa me dijeron siempre que no arruinara los sueños de otro. Dije que sí sin siquiera pensarlo, mi vida iba a cambiar, había que reorganizar todo, y lo hicimos. Fue un desafío desde la paternidad, por el lenguaje, la identidad, y con todo esto luchando me permitió no abandonar. Me sentía como un pez fuera del agua, y el problema con eso es que podés morir. El show habla de esto, de mi intima historia. No es una superproducción de acción, es un reflejo de muchos temas que no imaginé hablar. No es que me senté y dije «voy a hablar de esto». Todo fluyó naturalmente.

¿Cuál fue la decisión más difícil que hiciste por amor?

Cuando comencé a trabajar en este proyecto estuve mucho tiempo pensando en una línea de una canción que reflejara, y la encontré, era “No me dejes”, de Jacques Brel, porque tenía miedo de perder a mi mujer, estar solo, crecer solo. Es algo egoísta, pero es lo que hice y lo que impulsó el proyecto de alguna manera.

¿Qué hiciste para no sentirte fuera del agua?

Al final del segundo episodio hay una referencia, sobre el choque de culturas, acá el malo es él, el bueno, también, con un diálogo interno, sobre lo que cree y lo nuevo. En pandemia hemos sido todos testigos de muchos contrastes, y un poco estamos fuera de nuestros ambientes y hábitos. Hace un año veías a tus amigos y los abrazabas, ahora no. Hablo de este tipo de decisiones y choques.

¿Cuál es el valor de The Attaché en la creación de nuevas maneras de representar a los inmigrantes?

Pensé «tenemos un tema de inmigración», pero no lo pensé en un sentido literal, porque acá son inmigrantes por elección. Mi personaje lidia con eso, un inmigrante en un mundo nuevo. Espero que este tema pueda ser visto desde otro lugar. Igual no tengo una respuesta, porque a tu pregunta ya me hice muchas preguntas. Creo que la televisión no da respuestas, no soy tan inteligente para hacer eso. Además esta serie aun no terminó, sólo me detuve, es una historia sin final. No creo tener respuestas adecuadas, sólo dejo que mi instinto me lleve por lugares donde puedo trabajar. Si analizamos este periodo, hace un año que no tenemos respuestas.

¿Crees que en las ciudades grandes el racismo es instantáneo?

Nunca me sentí así en París, y tampoco he visto que no acompañaran a los inmigrantes, creo que es una sociedad abierta.

¿Cómo fue estar delante y tras las cámaras?

Fue un infierno, no lo hagan. Si alguien te dice que es fácil, la respuesta es no. Hasta ahora he escrito mis historias y las dirigí, pero acá fue técnicamente complicado. El proyecto lo era, hemos rodado en varios países, y con equipos de varios lugares, y yo tenía que coordinar todo eso y actuar. Cuando actuaba era como viajar, un vuelo. En los vuelos nadie puede llamarte al celular. Así me sentía. Y cuando decía corte, ahí comenzaba todo de nuevo. Cuando sos actor necesitás que el director te ubique en el momento, porque tiene el punto de vista general, y eso tenía que hacerlo todo el tiempo. Fue muy desafiante, complicado y nunca volveré a hacerlo.

¿Cómo fue trabajar con Héloïse Godet?

Nos convertimos en buenos amigos, es una persona obsesiva. Me ha enviado grabaciones de ella hablando hebreo, ella lo hizo por fonética, y trabajamos juntos, le di el primer episodio, lo leyó durante una semana, y lo logró, con esfuerzo. Estoy muy orgulloso de su trabajo.

¿Cómo te sentís al ser parte del boom de contenidos y películas de Israel?

Creo que responde a que todos nos hemos convertidos en globales. Hace 10 años si alguien escribía o filmaba se hacía en inglés. Ahora todo se hace en hebreo, como esta superproducción. Creo que estamos más abiertos al lenguaje. De hecho, el lenguaje, las palabras, es sólo el 10 por ciento de nuestra comunicación. Esto responde un poco a la pregunta y además que hemos lidiado con muchos conflictos durante todo el tiempo, y eso nos brinda materiales para grandes historias. Hemos crecido con La Biblia aprendiendo a contar historias, y ahora eso lo hacemos internacionalmente.

 

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