«Vicenta»: El dolor de los otros

Realizada con muñecos, este docu-ficción celebrado en la reciente edición del festival de Mar del Plata se podrá ver gratis en cine.ar hasta el jueves 10

«Vicenta», de Darío Doria, finalmente llega a CINEAR Play tras presentarse con éxito de crítica y público en el último Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, y haber obtenido el premio FIPRESCI en el festival DOK Leipzig.

El documental narra la historia de Vicenta y su hija, una joven discapacitada víctima de abuso, y para la cual su madre quería la interrupción del embarazo. Gracias a su insistencia, paciencia y fuerza, se llevó adelante una lucha por conseguir el aborto que permitiera, de alguna manera, volver a su vida.

Haciendo Cine dialogó con Doria, con Mariana Ardanaz, creadora de los muñecos protagonistas del relato, y con Florencia Gattari, autora del texto que, en off, narra Liliana Herrero.

¿Cómo llegan a la historia de Vicenta y cuándo imaginaron que esta era la mejor manera de llevar al cine?

Doria: La historia me ronda en la cabeza desde 2006. Los medios estallaban con esta historia. Era un infierno, me parecía terrible lo que estaba pasando a esta familia. Pero desde todos lados se la tironeaban. Toda la lucha por el aborto de ese momento, y todo era indignante. En los medios, en un momento la historia desaparece, que es la que le da sentido a esta película, porque no cuentan qué pasó después de la prohibición del aborto. Y sabiendo la segunda parte de la historia es maravilloso. Yo vengo del cine directo, o cinema verité, y quería contar una historia sin entrevistas o material de archivo. Empecé a buscar y no sabía cómo hacer para traer eso del pasado al presente y que el espectador viva lo que le pasó a Vicenta. Pensé en recreación con actores o narración oral. Y un día, buscando, me encuentro con el trabajo de Mariana en una página de internet sobre una tesis que hizo, y la nena de su audiovisual era para mí la hija de Vicenta. La contacté por mail, se copó, armamos un boceto, un video y ahí sentimos que la cosa podía funcionar. Funcionaba en cuatro o cinco minutos de la prueba, no sabíamos en un largo. Pero nos mandamos.

Gattari: Soy psicóloga y trabajo en hospitales públicos, y cuando sucedió el caso fue algo que se habló en el equipo. Recordaba líneas generales. Y cuando me llegó la propuesta volví a leer todo y me volví a indignar. Pero la idea era poder hacer algo luminoso.

Ardanaz: Vengo del mundo editorial y la ilustración infantil, trabajo con plastilina ilustrando libros, fotografiando relieves. Pero sabiendo que todo eso será un libro, por lo que mi cabeza va hacia un lugar. Le dije a Darío que yo no hacía animación stop motion. Pero me conmovió la historia y le dije que sí. A los cinco días nos reunimos  y pensamos las posibilidades que teníamos cómo avanzar: cómo se sostenían los muñecos, cómo sostener la historia en un relato largo y, al no tener movimiento los muñecos, ver cómo continuar. Hicimos una prueba con dos muñecos y un barrio y para mí, por primera vez, combinado con la cámara y el sonido, sentí que mi trabajo cobraba vida. Me tiré a la pileta, sin saber mucho más, y terminamos haciendo 120 muñecos, treinta y pico de escenografías.

¿Cuánto tiempo llevó todo el proyecto?

Doria: Entre que empezamos a escribirlo y tuvimos el corte final, cinco años. Desde que arrancamos con Mariana y los muñecos, tres años.

Ardanaz: La parte de proceso más agitada debe haber sido un año y medio, en donde se tuvo que cumplir plazos y entregas más estrictas. Pero fue un proceso que no sufrí; al contrario, hubo un ritmo. Al comienzo hicimos más escenografías, pude contar con asistentes, y además tuve la suerte que eran amigas. Así que pudimos trabajar en mi taller en paralelo, haciendo los personajes extras que están en los trenes, en los micros que se toma Vicenta para ir a La Plata. Después recién paso a concentrarme en los personajes principales, sus rostros y gestos, porque no iba a poder retocar como hago en el trabajo editorial con el Photoshop, y encima en gigante. Tienen muchos detalles de acuerdo a quiénes son, es todo de plastilina.

La historia de Vicenta es una historia que se repite, y en el contexto pandémico se multiplica. ¿Cómo imaginaste el guion, que es esencial para potenciar todo?

Doria: Los guionistas fuimos tres. Estuve yo, Luis Camardella y Florencia. Ella viene de la literatura infantil y adolescente, con Luis armamos la estructura en base a la investigación, filmamos todo sobre eso sin saber todavía qué iba a decir la voz en off. A Florencia no la conocía, me la presentó Mariana y ella trabajó con algunas escenas bocetadas, sabiendo qué había que contar. Un día cae al rodaje con la propuesta que quedó y nos enamoramos.

Gattari: Tardé un tiempo en entender por qué Darío Doria me lo proponía, no había trabajado nunca en cine. Me acercó la estructura narrativa que hizo con Luis y me pidió el armado de la voz que narrara la historia con una cuerda poética, si cabe la palabra. Eso me impulsó a hacerla y él fue muy paciente conmigo por lo que implica venir de otra disciplina.

Ardanaz: Florencia decía que se sentía tan emparentada con la historia que se encontraba en su casa hablándole a Vicenta, y quedó, por eso nos resuena, por el amor con el que le habla a Vicenta, que es necesario para este tipo de personas que pasan algo tan doloroso.

Doria: En el rodaje le hablábamos susurrando a Vicenta, y era un personaje de plastilina. Pero teníamos ese cuidado, y Florencia lo tomó y lo puso de una manera tan bella, que es como ella escribe.

Eso hace más potente tu trabajo ¿Cuándo apareció la idea de repetición de palabras y los “consejos”?

Gattari: Era difícil, porque yo recibí un clima que ya existía, y sabía que Liliana Herrero iba a ser la voz, así que me senté a escucharla y si uno detecta ese canto que ella tiene, eso suma. Era complicado encontrar una voz lo suficientemente versátil para contar datos históricos y técnicos sin perder la emoción que la película pide. Me ayudó que Darío hablaba con los personajes en voz baja, y eso me sumó.

Liliana tenía mucho miedo ¿Cómo trabajaste con ella?

Gattari: No estuve cuando grabó la voz, pero si antes, conversando. Es algo compleja la narración, con una incógnita que permite contar, fue un punto de conversación, ella detectaba las capas, y la potencia expresiva que está ahí.

¿Por qué la gente tiene que ver la película?

Doria: Porque es una historia maravillosa: lo que hizo Vicenta, la lucha, de dónde vino, de dónde salió, su transformación. Es admirable lo que logró, personalmente, e incluso la movida del Estado, porque el protocolo hospitalario se armó a partir de su caso. Es una historia durísima pero maravillosa.

Ardanaz: Siento que a Vicenta, y a todas las otras Vicentas, les debemos, como mínimo, ver y conocer su historia. Y tratar de que no pase nunca más.

Gattari: Hay un trabajo envolvente entre la voz de Liliana y los movimientos de cámara que me conmueve. Me pasó cuando la vi que tampoco podía distinguir una cosa de otra y no rastree lo propio, sino que estaba inmersa, y hay una autonomía que gana la historia.

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