“Yo, Traidor”: el primer estreno nacional del 2022

Hablamos con Rodrigo Fernández Engler, director del filme argentino protagonizado por Mariano Martínez que llegó ayer a 25 pantallas

Con una propuesta que apela a valores, la familia y que tiene a la figura del padre en el centro, el director Rodrigo Fernández Engler regresa a los cines tras «Cartas a Malvinas» y la exitosa «Soldado Argentino sólo conocido por Dios», con «Yo, Traidor», producción rodada en Argentina y Estados Unidos.

El primer estreno nacional de 2022 cuenta con un elenco de lujo que incluye a Mariano Martínez, Jorge Marrale, Sergio Surraco, Mercedes Lambre y Arturo Puig, entre otros. Haciendo Cine dialogó con Fernández Engler para saber detalles de su nueva película.

¿Cómo surge la idea de la película?

Surge hace muchos años. Yo había perdido a mi papá en 2007, me fui a Europa en 2008 a presentar «Cartas a Malvinas», mi primera película, y estaba lastimado y triste por la pérdida de mi papá. Yo soy cristiano evangélico, y recuerdo que uno de los últimos días que estuve en Milán fui a una Iglesia, y se predicó sobre un sermón basada en la Parábola del hijo pródigo. Una historia muy sencilla y que a mí me gustó desde muy chiquito. Cuando volví a Córdoba, escribí el guion, muy rápido, en 10 ó 15 días.

¿Fue lo más rápido que escribiste un guion?

Sí, lo “vomité”, cargaba con ese dolor, esa cosa, fue muy rápido. Ese primer guion quedó guardado durante mucho tiempo. Hice otras películas, produje otras, hasta que fui papá. Nació mi hijo más grande, Bautista, a finales de 2016. Durante el rodaje de «Yo, Traidor», de hecho, nació mi segundo hijo, Benjamín. Creo que por un lado la pérdida de mi padre, y luego yo ser padre, me movilizaron y saqué el guion del cajón. Lo empecé a trabajar con Mario Pedernera, guionista, director, colega, y además un gran amigo, y empezamos a desandar el proyecto.

El relato de la película, que habla de segundas oportunidades, lo más salvaje del neoliberalismo, tiene muchos temas dentro. ¿Cómo los hilvanaste?

En realidad fue sencillo, porque si vos lees la Parábola del hijo pródigo en la Biblia, que es un cuento, esta película es esa misma historia. Adaptada, con ciertas licencias, y de manera contemporánea, pero es la historia de un padre con sus dos hijos, uno que pide su parte de la herencia, se va, le va mal y vuelve y el padre lo recibe de manera magnánima. A eso había que darle un contexto. Armamos esta familia de empresarios marítimos, pusimos a Máximo (Martínez) en un mundo que él cree que conoce, con personajes siniestros, y así le va.

¿Cómo seleccionaste al elenco?

En lo personal, creo, que es muy importante la calidad del elenco, y cuando digo esto no necesariamente me refiero a figuras famosas, sino a buenos actores y actrices. Y acá fue posible la película justamente por esto, por el elenco. Intentamos confundir al espectador con la “bondad” o “maldad” de los personajes. A veces los actores están encasillados y cuando les proponemos otras cosas, lo agradecen. Arturo (Puig) me decía que él sentía que era su mejor personaje en el cine. Después están Marrale, Osvaldo, todos están muy parejos, ninguno sobresale, y eso hace que  Mariano, a quien lo tenemos en otros registros, esté descollante también.

¿Cómo armaste la producción, que tiene escenas en Córdoba, el Sur, Estados Unidos?

Fue gestión. Está el apoyo del INCAA, el del Polo Audiovisual de Córdoba, porque la provincia tiene su propia Ley de Cine y audiovisual, siendo punta de lanza con respecto a otras provincias, y después salimos a buscar inversores. No nos quedamos sólo con subsidios o créditos, pensando que vamos a hacer un producto y a arriesgar.

Que eso te permite, a diferencia de otros realizadores y productores, filmar lo que realmente imaginaste…

Exacto, en mi caso, que además que soy coautor, coproductor y director, y sé, por ejemplo, que cuando estoy escribiendo después hay que ir a buscar la plata para hacer todo, es frustrante a veces.

Pero no te limitas…

No, y en el caso de «Yo, Traidor» pasó que la película es más que lo que dice el guion. Te pongo un ejemplo: en el guion la familia se comunica desde Buenos Aires a través de una videollamada con un español. Sin embargo en la película viajan a Estados Unidos, tienen una reunión ahí. Y esto pasó porque apareció la Universidad  Oral Roberts, de allá, con la que hicimos un convenio. Ellos financiaron una parte de la película y como contraprestación debíamos filmar en Tulsa, Oklahoma, y darle participación a algunos estudiantes de cine y funcionó. Ahí tomamos una deuda en dólares, que luego hubo que devolverla. Fue un riesgo, pero salió bien.

¿Expectativas con el estreno?

Siempre hay una expectativa y hay fe, porque si no me pondría a hacer otra cosa. Con «Yo, Traidor» me pasa que se filmó entre agosto y octubre de 2019. En marzo del 2020 se estaba haciendo el color y se tenía que estrenar en junio de ese año, por lo que estuvo guardada mucho tiempo. Al verla ahora me parece que la filmé hace 10 años por el paréntesis. Además la película, a diferencia de otras, fue un “relojito”, no nos sobró nada, pero no nos faltó nada, y justo nos agarró la pandemia. Es más, en abril empiezo a filmar otra película. Todos sabemos lo que significa estrenar una película, es como una moneda en el aire, y uno no sabe qué va a pasar. Humildemente creo que hicimos un buen producto, estamos trabajando para que la gente vaya al cine. Pero después ya la película se tiene que defender por sí sola. La expectativa es la mejor, es un producto muy lindo, con un buen mensaje.

En abril empezás a filmar, ¿podés adelantar algo?

Sí, empiezo a filmar «La noche que luché contra Dios», que es también una producción importante. Se mete un poco en el mundo del judaísmo con dos ejes centrales. Por un lado está vinculada al atentado a la AMIA, en 1994, y de ahí separada por 3000 años, con un personaje bíblico, Jacob, patriarca israelita, y hay una lógica que une las dos historias. Es una producción grande, con un elenco muy lindo y filmaremos entre abril y mayo en Córdoba y después en Junio iremos una semana a Israel.

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