“Yo, Traidor”: Jorge Marrale vuelve al cine en un rol clave

La película de Rodrigo Fernández Engler tiene a Mariano Martínez en el papel central. Hablamos con su coprotagonista, Jorge Marrale

«Yo, Traidor», de Rodrigo Fernández Engler, llega a los cines argentinos, convirtiéndose en el primer estreno nacional del año. En la propuesta, Máximo Ferradas (Martínez), empresario e hijo menor de una poderosa familia de pescadores de toda la vida, le pide a Francisco, su padre, su parte de la herencia. Así, comienza un largo viaje que lo llevará hacia tierras lejanas, intentando construir su propio imperio.

Además de Mariano Martínez, el elenco está compuesto por pesos pesados del audiovisual argentino como Jorge Marrale, Arturo Puig, Osvaldo Santoro y Mercedes Laborde. «Yo Traidor» fue rodada en locaciones de Tulsa, Oklahoma, en Estados Unidos, en Córdoba y en el Sur de nuestro país, potenciando climas y un relato que tiene también una crítica al neoliberalismo y la lógica empresarial que está por encima de los derechos e intereses de los empleados.

Hablamos con Jorge Marrale, quien había aparecido por última vez en una propuesta cinematográfica argentina en 2017 con «Te Esperaré», acompañado de Darío Grandinetti e Inés Estévez.

¿Cómo llegas a la película?

Rodrigo me acercó el proyecto. Hablamos mucho sobre él, ya que lo vi en varias oportunidades, en Córdoba. Empezamos a tener contacto cuando un amigo muy querido, Mariano Bertolini trabajó en su película anterior. Desde ese momento Rodrigo me fue interiorizando en la historia, que tiene vueltas, y era un buen plan hacerla. Cuando hubo que filmar nos acercamos y la verdad que me copó hacer la película.

En la película hay muchos compañeros, que seguramente también ayudó a aceptar el papel…

Estábamos con Arturo (Puig) haciendo «El vestidor» en teatro y él le dio el OK a Rodrigo. Lo mismo con Osvaldo (Santoro) que, además de ser amigos de toda la vida, trabajamos juntos en SAGAI. Además para mí el trabajo tuvo un aditamento adicional, porque fuimos a rodar a Tulsa, Oklahoma. Veo a la película como una metáfora en ese sentido: de qué hablamos cuando hablamos de traición. ¿Traición a qué? Con todo lo que pasa, la traición tiene mil caras, y la cara que muestra Rodrigo tiene que ver con la debacle de cierta felicidad para conseguir algo y que en realidad se está haciendo lo peor. Creo que además es un tiempo interesante para hablar de la traición.

Y también de las segundas oportunidades…

Muchas veces nos enteramos de la traición pero no de la reconversión o de cómo se resuelve. Esa traición reconvertida lleva al perdón y eso abre otro camino, da otra posibilidad, no ser tan infalibles.

La película se rodó en varias locaciones. ¿Cómo fue volver a esa comunidad de los rodajes?

Para mí fue un fenómeno bastante extraño, en el sentido de viajar a una localidad de Estados Unidos a la que de otra manera no irías. Fue una experiencia hermosa convivir como lo hicimos; fue muy lindo cómo pudimos llevar adelante la filmación, acostumbrándonos a la convivencia, a la comida, al espacio. El cine, cuando es de esta manera y uno sale en equipo con gente conocida y querida, es muy lindo; es muy acogedor trabajar así con los compañeros.

Es algo atípico para nuestro cine contar con tantas locaciones y espacios…

Sí, eso estuvo bien pensado. Desde el sistema de producción, para utilizar eso de una manera interesante, como el inicio, con un personaje que baja de un avión y comienza a transitar su historia en Tulsa, para luego ver cómo se concreta en el Sur y en Córdoba.

¿Cómo fue el trabajo con Mariano y Sergio, que son con quienes compartís más escenas?

Fue muy bueno, y el vínculo que hay entre los tres en la película es muy claro. Rodrigo estructuró encuentros y desencuentros, y lo que me gustaba a mí de poder accionar con ellos era esta cosa del hombre mayor que en la remembranza de cosas buenas que sucedían todo apoyado en la palabra y en la confianza. Creo que es central para el desarrollo posterior, con un padre que empieza a ver que esa confianza será mancillada por eso el regreso, el volver y el perdón, en eso de la vuelta del hijo prodigo, es clave.

¿Sensaciones que la película finalmente llegue a las salas, recuperando espacios que habíamos perdido?

Me reconforta mucho, me pone bien. No podemos perder el cine, espacio de contacto con el otro y más necesario. Es lo que más me asusta de las plataformas, que el cine no se reconvierta en algo que sólo se vea en las casas, perder la posibilidad de ir a las salas es algo increíble y sería muy triste que se pierda.

 

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